martes, 8 de octubre de 2013

La lluvia cae sobre los recuerdos insípidos, los ayeres empapados con el desdén de la nostalgia se abre camino por los jardines del sentimiento. Las calles recorridas una y otra vez por los nómadas se preguntan la fecha del stop definitivo a su antiguo deseo descanso.
¿Acaso los caminos tienen sentimientos?
Esa es la pregunta que me hago desde que vi la lluvia cayendo sobre mis recuerdos mas la lluvia, intermitente y golondrina solo conocía a las calles recorridas por su paso vagabundo y nunca se detenía a cruzar palabras, solo una que otra nube que dejaba a su paso, conocía a los nómadas de sentimientos y desconocedores de la pregunta apelmazada en los caminos.
Después de un parpadeo, mis insípidos recuerdos seguían humedecidos por la lluvia; vos apareciste y tuve intensiones de ir a tu encuentro, con la nostalgia empapada y más pesada que nunca. Los nómadas deambulaban por las mismas calles pero ahora parecían sonámbulos en mis recuerdos. Me quedé al borde del camino, te vi deambular nostálgica en mis recuerdos, te vi como a los nómadas, sin tocarte para no extraerte de tu interinato y no mal versar mis recuerdos. Deambulaste por el borde del camino tomé tu mano con cuidado, te saqué del recuerdo, te di un abrazo, un beso corto y eterno, dejamos a los nómadas. La luna concilió nuestro deseo, nos encerró fuera del tiempo, nos quedamos juntos, muy juntos, seguimos en la nada y ahora somos todo.

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