Este no es un adiós cualquiera,
es una despedida.
Ahora que te vas
te llevas los sueños perdidos,
las almohadas con tu aroma,
las caricias que ya eran escasas.
Te llevas las lágrimas que guardé con esfuerzo,
los cajones con tu ropa
y los muros con nombre de princesa.
La luna se quedará para recordarme
que los siglos son infinitos
y que la vida será igual de mañosa,
igual de triste.
No dejes nada al alcance de mi querer
no dejes tu imagen colgando de mi pecho
no dejes mi alma solitaria porque mi vida se va contigo
no dejes que la luna se apague
no dejes que el sol despierte
no dejes que te quiera más.
Ahora que tu maleta se asoma al pórtico
no olvides tus llaves,
no cambiaré la cerradura a la espera de tu cuerpo.
Te vas y te llevas mis labios para que ya no pronuncie tu nombre,
has hurtado mis secretos para venderlos al tiempo
mientras mi carne se pudre por el hollín del deseo
de volver a sentir tu voz rozando ésta absurda existencia...