Hace un año sucedió un evento sin precedentes en mi
existencia. Un pequeño accidente cambió mi forma de ver a mis amigos y a
algunos que ahora son poco más que conocidos, algunos otros se preocuparon
grandemente en darme el sermón de su vida ya que nunca antes han estado en una
situación parecida y la minoría se ocupó, secretamente, en ayudarme sin
juzgarme o juzgarse si hacían bien o no al brindar su mano amiga o no. Las
consecuencias que vinieron a causa de ese accidente no fueron la gran cosa. Más
o menos a esta hora ya había sucedido (según me han contado ya que yo no
recuerdo nada hasta el momento) incluso dicen que yo estuve hablando y hasta
haciendo chistes acerca de lo que nos había pasado mientras estábamos en el
hospital al cual me llevaron ya que en la unidad de salud del puerto (un poco
después de playa el conchalío) no me podían atender ya que iba muy grave y
ellos no podían tratar las heridas en ese lugar (según me dijo una enfermera de
ese nosocomio unas semanas más tarde). Regresando al hospital y la “desatención”
recibida ahí (ya que pasé semanas sacando restos de vidrios rotos de mi frente
y otras partes de mí cuerpo), resulta que recobre la consciencia completamente
a eso de las 2am y solo logré ver una cara conocida y dos oficiales de tránsito
que prácticamente me obligaron hacer el alcotest para luego llevarme desde el Hospital
Nacional de Santa Tecla a medicina legal para hacer unas pruebas orales y
escritas con mis manos que dé milagro no estaban quebradas y así decir que yo
tenía dificultades para realizar tales pruebas y poner en su espléndido informe
que yo no estaba en óptimas condiciones para manejar que muy probablemente por
eso yo era el culpable, sin tomar en cuenta mis golpes y heridas al momento de
las formidables e infalibles pruebas que el servicio público demanda. Luego me
llevaron hasta la delegación del Puerto de la Libertad, donde me mantuvieron esposado al barandal de
las gradas ya que no sabían con exactitud cómo proceder con mi caso a esas
horas de la madrugada. Logre dormir casi 20min hasta que decidieron llevarme a
las bartolinas que están antes de llegar a las playas de San Diego, ahí logré
dormir, al fin, un par de horas. Ahí me recibió un sargento que muy amablemente
me ofreció una llamada a mi casa para avisar que había tenido un accidente y
que estaba detenido, y con un sentimiento de llanto, acepté felizmente la
llamada. Al cabo de ese par de horas de “buen sueño” me llevaron a declarar mi
versión de la historia (la cual no recuerdo hasta el momento). Pero, me
ofrecieron un vaso con agua que fue la acción de amabilidad más grande que recibí
después de la llamada, me regresaron a la delegación para ser fichado y después
a bartolina ya que no tenía nada más que hacer en las calles, yo no era libre y
al parecer nadie más tenía la culpa, solo yo. Es como si solo yo hubiese estado
en ese vehículo. Mi papá me visitó el mismo día que recibió la llamada y me
mató la vergüenza. Pasaron los días y decidí ser un reo más y confinarme a los
libros que con mucho amor, Michelle me llevó, como buena sabedora de mis
pasatiempos.
Compartí mis libros con los “compañeros de vivienda” y ellos
los disfrutaron tanto como yo. Al terminar mi confinamiento llegué a casa y
pasé 3 días sin dormir ya que no me sentía parte de la libertad que me habían
quitado y después regresado a condición. Mis vecinos y más viejos amigos
estuvieron al pendiente y ayudaron de gran manera y sin duda lo agradezco. Hoy
en día creo que soy el mismo de antes, pero muchas personas dicen que no es
así, que me detuve, que no tengo los mismos ánimos que antes o que simplemente
perdí la poca gracia que tenía y me volví más simple y amargo que antes. La
verdad es que no estoy seguro de quien soy y porqué fui, ojala el camino y las
cicatrices ganadas me lo digan...
No hay comentarios:
Publicar un comentario