Ella lo cuidaba muy bien y le daba todo lo necesario,
le daba té de rábanos para la enfermedad,
le curaba dolores pasados con solo cantar una canción,
sus cálidas manos, finamente talladas como ébano
daban la impresión que no era una mujer, si no,
una creación al más alto nivel de Davincci o Miguel Ángel
una escultura tal vez, pero no,
ella es tan real como las mariposas en primavera
tan real como Nietsche y su hijo Zaratustra
tan real como el amor que él sentía por ella
siempre tomaba su mano -la de él-
le decía lo mucho que le amaba.
Él, ponía las dos manos en su cara -la de ella-
la preocupación no llegará a nosotros, le hacía entender.
Las noches siempre fueron perfectas
simulaban cometas de ambulantes
vidas de oscuros misterios y magia cariñosa.
Los besos eran paradas de tiempo y tomas de aire
las caricias que nunca eran las mismas quedaban
como recuerdos en sus músculos -los de ellos-
Las noches nunca fueron imperfectas,
los abrazos de media noche, siempre fueron bienvenidos.
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